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jueves, 8 de octubre de 2015

NO ME DIGAS QUE NO SE PUEDE


NO ME DIGAS QUE NO SE PUEDE
Sé que estas mal
que te cuesta entrelazar los pasos
que no puedes mirar a la vida de frente
que te sientes extraño, aislado
y que no encuentras tu sitio entre la gente.
Ya lo sé , no es fácil desnudar el miedo,
salir a la calle sintiéndote diferente,
caminar con el silencio pegado a ti
y aún así seguir hacia adelante.

¡Pero a mí no me digas que no se puede!

He caminado con la muerte cogida de la mano,
he corrido tras de la vida
cuando la vida iba vestida de sudario,
he desayunado dolor,
me he comido la angustia,
me he ido a la cama sin cenar
con el estomago lleno de terror y de asco,
y por la noche he arropado los fantasmas
con una mezcla de sueños y pasado.

¡A mí no me digas que no se puede!

He sufrido tras los barrotes del silencio
con las palabras atrapadas,
con un te quiero preso,
con un grito loco por volar, pero sin alas,
huérfano de futuro y con las venas rotas
he muerto de esperanza una y mil veces
y resucitado otras tantas,
he visto como el viento cobarde
me arrebataba amigos de las manos
y yo sin poder hacer nada, cada vez más solo y temblando.

¡A mí no me digas que no se puede!

Seis veces he cerrado los ojos
con el temor a no volver a abrirlos,
he mirado a los míos como si ya no hubiera más miradas
y con las lágrimas escondidas en los bolsillos,
se me han volado inviernos, perdido primaveras
y algún que otro verano se marchó sin apenas vivirlo,
he dormido el ultimo sueño una y otra vez
y una y otra vez he despertado
preguntándome si habría más amaneceres
sabiendo que cada uno de ellos era un regalo.
Y ya ves aquí estoy con la voz ronca pero valiente,
sin fuerzas pero con ganas,
con la frente alta y apretando los dientes.

¡No, a mi no me digas que no se puede!

Ayer vi desmoronarse mi mundo,
hoy la cabeza se me llena de ruidos
y tal vez mañana ya me habré ido,
pero aún así no pienso rendirme,
porque la vida es eso que nace cada día con la aurora,
es despertar un sueño, correr tras de él, perseguirlo,
es abrir las puertas, arañar las horas, cerrar los puños,
saludar la mañana con la curiosidad de un niño,
es una lágrima, una sonrisa,
inventar nuevos pasos cuando se embarra el camino.
Vale, descarga tu rabia, llora tu desgracia,
pero por favor,

¡no me digas que no se puede!